lunes, 17 de octubre de 2016

He recido un e-mail

He recido un e-mail y da igual lo que ponga, yo lo  he leído así.


Hola Patri! Cómo estás? (Estoy genial, como siempre) Soy alguien que ya conoces, pero hace tanto tiempo que no nos vemos que he sentido la necesidad de volver a presentarme de nuevo. Además también añado de dónde vengo por si acaso has sufrido algún lapsus de memoria (y me ha ofendido porque venía de mi casa). Supongo que ya sabrás que bla, bla bla bla, bla, bla bla, bla, bla bla bla, bla, bla bla bla, bla bla bla, bla, bla bla, bla, bla bla bla, bla, bla bla bla, bla bla bla, bla, bla bla... Nos encantaría que vinieras.

Y me ha dejado KO. No es que no lo esperara, tenía que llegar, pero es tan realista y tan cierto que por un momento he notado como si alguien se acercase por detrás y me quitase el suelo que piso sin avisar. Sin darme cuenta he pisado el viento y no veas cómo marea.

Y vuelvo a examinarme, porque parece que ese es ahora mi único trabajo, examinarme, controlarme, juzgarme. Sigue sin gustarme lo que veo, o lo que pienso. No me va a gustar nunca.
Ahora no hay catarsis, ya no hay esa vía de escape que aunque no me gustase, era algo. Ahora sólo hay que apechugar, ja, ya. Es tan agotador vivir así, vivir constantemente pensándolo todo, sometida a juicio de valores eterno y autoimpuesto. Tengo que dejarlo, como el que deja de de fumar o de beber, más o menos, tengo la sensación de que me voy a consumir en ese último cigarro, mentira claro.
Tengo que socializar más, qué asco. Tengo que, tengo que, tengo que... tengo tantas cosas que hacer, que hoy no pienso hacer ninguna.




lunes, 10 de octubre de 2016

A veces subiría los escalones saltándolos de dos en dos, y otras veces los subiría para poder lanzarme desde arriba.

No me gustan estos momentos en los que soy sincera conmigo misma, cuando me rindo y dejo que me mi cabeza hable y confirme quién soy realmente, supongo que a nadie le gustan. Aquí van unas cuantas líneas en blanco, seis o siete segundos de presión sobre la barra espaciadora de mi teclado, aunque probablemente nadie pueda leerlas.
Tengo miedo, soy cobarde, y todas esas veces en las que me autoconvenzo de que 'conocer tus debilidades te hace fuerte', no sé... no sé qué pasa esas veces.

Me relaja el sonido de mis dedos repicando letras sobre la mesa, rompe ese silencio que me duele.
Hoy llueve, la lluvia limpia, como las lagrimas. A mí creo que ahora mismo me embarran, me hunden en el fango hasta las clavículas, y respiro, respiraría hondo hasta marearme si no fuese porque esto es una simple y ordinaria metáfora.
Tengo ganas de huir, de salir corriendo, de no mirar atrás hasta que ya no se vea el punto de partida; y al pensarlo me vienes a la mente, entiendo que en ocasiones quieres huir de mí, ya que soy lo único de lo que realmente puedes desaparecer. Quiero irme sin moverme, porque quiero irme de mí, de ti.
No es que te necesite ahora mismo, simplemente me gustaría que alguna de tus toallas perfumara mi baño; quizá haría esto mas llevadero, o no.
Se me enredan los pies y las manos al pensarte, sin querer, de golpe, así eres tú.
Igual sólo es que estoy muy salida.

Me han terminado gustando las tiritas, que no curan.


miércoles, 20 de abril de 2016

Miércoles

«Se quedó con la frase en el aire, había incluso girado la cabeza buscando a alguien a quien contar su ocurrencia. Llegó a salir aire de sus labios, aire que se quedó en un ahogo de sorpresa. Nada nuevo, estaba solo, nadie iba a reír sobre aquel comentario que a pesar de ser gracioso, había dejado un rastro amargo en su boca. Sacudió la cabeza en un pobre intento de deshacerse de esa idea.»

Es posible no sentir la lluvia.
Es posible ver como moja todo y aún así seguir muerto de sed.

Esta noche de lluvia, en la que mis ojos también llueven te recuerdo, te pienso como si estuvieses aquí y tus ojos lloviesen con los míos. En esta oscuridad, te echo de menos.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Trescientos atardeceres y un tragaluz

No se cuál es mi sitio al que volver, de hecho no tengo un sitio al que volver.
He decidido que quiero volver al atardecer, a él le parece bien.
Me gusta el atardecer, creo que es el momento más bonito del día. Es bonito pase lo que pase, es bonito cuando hace calor y cuando llueve, independientemente de que estación del año estés visitando.
Oirás un coche aparcar o el ruido de unos niños cuyas pilas siguen a pie de guerra. Igual ves dos manos cogidas que por fin entran en casa, y tres puertas más allá, quizá se te erice la piel, es el atardecer.
Pese que la palabra no me gusta, él siempre está ahí.
Si quieres podemos compartirlo, o simplemente te lo presto un rato, puedes ver que hermoso es todo cuando los pies del mundo ya están cansados.
Puedes entregarle el peso del día si así lo necesitas, sabiendo que como mucho volverá en unas horas.
El atardecer te deja hacer recuerdos con él, y se lleva los secretos a la tumba.
Ojalá un día hagamos un bello recuerdo en común, porque me gusta pensar que sólo me quedan unos cuantos atardeceres para que todo acabe.
Y mira cómo se mueven las nubes, y cuando las mires acuérdate mí.
Y coge aire para la noche que se acerca.

Así, que me quedo con el atardecer, aquí vuelvo cada vez que haga falta, que aquí nadie grita, nadie me ve, aquí puedo pensar en ti, y puedo contarme los latidos, que se me descontrolan.

viernes, 7 de agosto de 2015

Si yo fuese mía

Mordia la soledad con la rabia del vencido.
No hay salida.
Ni paciencia para amar.

Eran lágrimas lo que corría por sus mejillas,
lágrimas teñidas de negro,
lagrimas que dibujaban en su rostro 
dos largas líneas,
dos líneas que se agrietaban
separando su corazón.

Hay un punto en esta angustia
que sobrepasa la ansiedad
que vive por encima de la tristeza
que resucita cualquier dolor conocido;
y es que ni es ansiedad ni pena ni calvario
ni es tristeza ni amargura ni dolor
que no eres tú ni soy yo y esto es cierto
que no sé amar, no sé esperar.

Porque tengo que esperarme a mí
y a mí no me quiero.
No hay salida.
Ni paciencia para amar.

Así que aquí, contigo, 
mientras tiras de mi soledad,
mientras yo la abrazo con fuerza,
con la misma fuerza que la odio.
Y me desintegro,
y no soy de mi soledad, 
ni soy tuya porque aun no soy mía.

Mordiendo con la rabia del vencido,
me encuentro.
Respirando con la fuerza del abatido.
Sujétame

sábado, 6 de junio de 2015

Aguja, hilo y paciencia

Sabe que la vida le viene grande.
El corazón se le queda pequeño.
Y las mangas del perdón son largas.
Lleva una talla menos de ignorancia.
Y no es capaz de calzarse las oportunidades.
Remangadas lleva las mentiras que le contaron.
Y se le ha soltado el dobladillo de sus virtudes.
Perdió el botón que sujetaba su belleza.
Desde entonces sólo zurze retales de compasión.
Guarda en un bolsillo su alma.
Viste un abrigo de acero pesado, en ocasiones molesto.
Lleva la luna hilvanada a su ombligo, aunque es un secreto.
Le pesa más el tiempo que el reloj de su muñeca.
Y aun no sabe porqué, pero le destiñen las miradas que le devuelve el espejo.
Bordadas lleva las letras que le dejaron sonar.
Y digan lo que digan, todos sabemos que esas ojeras son de seda.
Sabe que la vida le viene grande, que unas medias o una simple corbata se convierten fácilmente en soga.
Pero ha aprendido a callar. Y a ignorarse.

martes, 26 de mayo de 2015

Mañana tampoco

Hoy tus pies no pisaran mis calles, ni mis zapatos seguirán tus pisadas.
Hoy mi oxigeno es sólo mío, déjame gastarlo.
Hoy vuelvo a ser un poco más yo, no he recuperado ningún trocito perdido, pero es cierto que me estoy agenciando alguno que otro que no es mío, cómo tú, y me va bien.
Hoy quiero cuidarte, por que cuidarte es cuidarme a mí.
Quiero volver a tener ilusión, quiero que desaparezca esta  desazón.
Hoy he aquí alguien con ganas de vivir; con ganas de aprender a no hacerse daño a uno mismo.