A veces subiría los escalones saltándolos de dos en dos, y otras veces los subiría para poder lanzarme desde arriba.
No me gustan estos momentos en los que soy sincera conmigo misma, cuando me rindo y dejo que me mi cabeza hable y confirme quién soy realmente, supongo que a nadie le gustan. Aquí van unas cuantas líneas en blanco, seis o siete segundos de presión sobre la barra espaciadora de mi teclado, aunque probablemente nadie pueda leerlas.
Tengo miedo, soy cobarde, y todas esas veces en las que me autoconvenzo de que 'conocer tus debilidades te hace fuerte', no sé... no sé qué pasa esas veces.
Me relaja el sonido de mis dedos repicando letras sobre la mesa, rompe ese silencio que me duele.
Hoy llueve, la lluvia limpia, como las lagrimas. A mí creo que ahora mismo me embarran, me hunden en el fango hasta las clavículas, y respiro, respiraría hondo hasta marearme si no fuese porque esto es una simple y ordinaria metáfora.
Tengo ganas de huir, de salir corriendo, de no mirar atrás hasta que ya no se vea el punto de partida; y al pensarlo me vienes a la mente, entiendo que en ocasiones quieres huir de mí, ya que soy lo único de lo que realmente puedes desaparecer. Quiero irme sin moverme, porque quiero irme de mí, de ti.
No es que te necesite ahora mismo, simplemente me gustaría que alguna de tus toallas perfumara mi baño; quizá haría esto mas llevadero, o no.
Se me enredan los pies y las manos al pensarte, sin querer, de golpe, así eres tú.
Igual sólo es que estoy muy salida.
Me han terminado gustando las tiritas, que no curan.
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